Antes el tiempo pasaba más lento, las distancias eran más largas. Las fotos de viajes no se almacenaban en alguna nube sino en los folios de los álbumes, y las aerolíneas no conectaban aún Buenos Aires con Jujuy ni con Barcelona.
Lo podemos aseverar porque ya estábamos ahí. Al fin y al cabo, nuestro primer ticket ni siquiera lo mandamos por fax, lo llevamos a pie.
Rondaba el año 1960 cuando un joven Pedro Bachrach, empleado de una aerolínea argentina, decidió dejar su puesto y fundar su propia agencia de viajes, Sintectur, cambiando su vida (y la de muchos más por venir) de una vez y para siempre.
Sintectur arrancó así haciendo lo que hace toda buena agencia de viajes: vender paquetes a viajeros particulares.





























